Subió al escenario con una chaqueta verde. Una chaqueta que bien podría haber llevado Steve McQueen mientras intentaba llegar a El Paso en aquella legendaria película de Sam Peckinpah. Porque como Steve McQueen, Julien Elsie no es nuevo en esto. Lleva más de treinta años caminando por los márgenes de la industria musical, construyendo una obra coherente, honda y sincera. Sin aspavientos. Sin marketing. Sin estrategia. Y, tal vez por eso, con una fuerza que rara vez se encuentra en quienes hacen de su carrera una sucesión de simulacros. La música de Julien Elsie no suena a pose, suena a verdad.
The Rincón Pío Sound es, en muchos sentidos, un espejo de la trayectoria de Julien Elsie. Es también un lugar lleno de pureza, donde no se cobra entrada y donde desde hace más de dos décadas se respeta a la música como a una vieja religión. Nada más entrar en la sala sabes que estás en un espacio de respeto, resistencia y escucha. Sin aspavientos. Sin marketing. Sin estrategia. Los más inteligentes lo llaman «El templo» y no es fácil llevarles la contraria cuando uno llega a la periferia de la periferia en la que se encuentra. Un lugar tan fronterizo como El Paso, en el que también se cumplen todos los códigos de honor imaginables, y en el que siempre habrá alguien que te lleve hasta México con una furgoneta de segunda mano.
El 29 de marzo de 2025, Julien Elsie tocó en The Rincón Pío Sound y, desde el primer tema, quedó claro que él y su banda habían venido a quemarlo todo. Su voz, que evoca los murmullos graves de Will Oldham, Jason Molina o Bill Callahan, se desplegó con una tensión difícil de explicar. El estribillo de la primera canción, «The same people at the same time», lo cantó con la furia y la ternura de quien aún cree que la música puede llegar a los otros. Y vaya si llegó.
En los tres músicos que lo acompañaban no hubo solos de lucimiento ni gestos vacíos. Todo respondía a una planificación común, como si cada uno de ellos estuviera trabajando para poner las canciones en el sitio que les corresponde. Las guitarras creaban texturas granuladas y furiosas. El bajo latía a veces como un corazón enfermo y, otras, cabalgaba con fiereza por los límites del ruido. El batería golpeaba con una precisión temeraria y, gracias al imponente sonido de la sala, la electricidad hizo el resto.
Después de semejante despliegue, no era difícil darse cuenta de que Julien Elsie merecería más focos, más portadas, más aplausos. Pero tal vez esa ausencia de reconocimiento masivo le permite seguir haciendo lo que ama sin renunciar a sí mismo. Tal vez por eso puede ponerse esa preciosa chaqueta verde y puede decir una verdad incontestable con sus canciones.
Y los que estuvimos allí, en el Rincón Pío, lo supimos desde el primer acorde. Aquello era algo verdadero, como las películas de Peckinpah. Lo que vivimos fue real y lo real, cuando ocurre, ya no se olvida.
Su último disco, Extremely Poor Light This Afternoon On The Angas River, se puede comprar aquí:


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