Diario del dinero – Rosario Bléfari

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Nunca había oído hablar de la argentina Rosario Bléfari (Mar del Plata, 24 de diciembre de 1965-Santa Rosa, 6 de julio de 2020) hasta que encontré en mi librería favorita Diario del dinero. Como amante de los diarios, me lo llevé sin dudar, consciente de que leerlo sin referencias previas transformaría mi experiencia lectora. No había escuchado sus canciones, ni visto sus películas, ni leído otros libros suyos y esa falta de contexto me permitió acercarme a su escritura con cierta pureza.

Diario del dinero es fragmentario, irregular, a veces caótico, y a menudo hermoso. Mezcla reflexiones sobre el tiempo, escenas domésticas, viajes, cuidados familiares y destellos de lirismo que iluminan la rutina cotidiana. Incluso cuando lo cotidiano se impone y el relato parece deslizarse hacia la monotonía, la voz de Bléfari se mantiene honesta y cercana.

Lo más sorprendente es la distancia que este diario mantiene respecto a los relatos habituales sobre artistas. No hay heroísmo ni grandeza. Bléfari escribe, canta y actúa mientras mantiene a flote su vida diaria. La creación artística se enfrenta a las exigencias materiales: alquiler, facturas, transporte, comida, y caprichos que no siempre puede permitirse. La precariedad laboral se entrelaza con su vida familiar, especialmente siendo mujer. Cuida de su hija, su pareja y, a veces, de su padre, y estos cuidados condicionan su dedicación artística. Esta tensión entre arte y subsistencia recuerda la pregunta de Virginia Woolf sobre qué permite o impide a las mujeres producir su obra.

El diario revela la fragilidad de la vida de la artista y cuestiona nuestra percepción del éxito. Incluso alguien reconocido se enfrenta a la misma inseguridad económica que cualquier trabajador. Cada página muestra cómo el arte no se aísla de la rutina, y cómo la necesidad de sobrevivir impone límites a la creación.

Para quienes no conocemos su obra, en el diario abundan los ángulos muertos. Referencias a personas, lugares y situaciones que quedan opacas sin contexto. Pero incluso así, Diario del dinero deja claro que la vida cotidiana condiciona la obra, y la obstinación por crear, aun en condiciones adversas, puede generar belleza. Esa obstinación, tan frágil como luminosa, es lo que otorga a su diario una pureza que permanece mucho después de haber cerrado el libro.

Este diario se puede comprar en Ediciones Comisura.

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