Hay un fantasma en este libro. Puede que varios. Y soledad y esa pertinaz angustia de los creadores. Sale Madrid fuera de foco y bares de madrugada. Un padre y un hijo. Y una madre con interna y una amiga que conoció su padre en Brasil. Y las herencias y las dudas y el miedo a no estar en el lugar al que a uno le corresponde.
Las correcciones que la ficción procura a la vida para convertirla en belleza. Una prosa depurada como la de Marcos Giralt Torrente merece una historia de padres e hijos como esta. Hay tensión en cada línea, pasos en falso, remordimiento en traje de noche, y esa verdad que no enseñaron a decir a los hombres nacidos durante la dictadura de Franco. Los hombres no lloran, no muestran sus sentimientos, no se abrazan ni se besan. A lo sumo intercambian botellas de bourbon en bares oscuros. Cernuda pone palabras a este desconcierto.
Un hombre gris avanza por la calle de niebla;
No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío;
Vacío como pampa, como mar, como viento,
Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable.
Los personajes femeninos aparecen desdibujados, porque los protagonistas son el padre y el hijo. Y sus vacíos y su falta de comunicación y esa entrega absurda para demostrarse el uno al otro quién es el que manda aquí. Los cuadros, las exposiciones, el tren del éxito que pasa una vez y luego desaparece. Las novelas, los libros de cuentos, los artículos en los periódicos en los que el hijo habla de su padre para ajustar cuentas o para olvidar lo que sucedió o para que los amigos de su padre se sientan orgullosos mientras siguen vivos.
También hay en Tiempo de vida espacio para descubrir cómo el mundo de la cultura necesita de apellidos, de abuelos célebres, de madres que tienen contactos, de padres con amigos en el mundo de la edición. El éxito depende de un infortunio o de una mano amiga o tal vez no dependa de nada porque nunca es como lo imaginamos. Un camino lleno de piedras es la vida, aunque no lo sabemos hasta que ya es demasiado tarde.
En esta novela, Marcos Giralt Torrente nos cuenta el final justo al principio, pero no nos importa. El fraseo de genio nos lleva por sus páginas sin que nos importe mucho cómo termina lo que ya sabemos. Hay inteligencia y una emoción extrañamente sincera en las palabras que se amontonan para explicar lo que no se puede explicar con palabras. El vínculo entre personas que se evitan, que se malinterpretan, que no se acaban de encontrar más que cuando ya no queda tiempo.
Los versos de Vallejo para explicar este libro prodigioso.
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Eso es todo.


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