Nothomb elige la voz de Cristo en las horas previas a la crucifixión. No es una novela religiosa: es una meditación sobre el cuerpo, el deseo y la soledad radical de quien se sabe diferente a todo lo que le rodea. Una pregunta disfrazada de ficción: ¿qué queda de la palabra cuando el cuerpo está a punto de desaparecer?
