The dream is over
What can I say?
The Dream is over
Yesterday
I was the Dreamweaver
But now I’m reborn
I was the walrus
But now I’m John
And so, dear friends
You’ll just have to carry on
The dream is over
John Lennon
El 4 de marzo de 1966, el Evening London Standard publicó un perfil de John Lennon, escrito por Maureen Cleave, dentro de la serie «¿Cómo vive un Beatle?». Lennon, de 25 años, casado y con un hijo, hablaba de su vida junto a los otros Beatles, de su riqueza, sus coches, sus libros y su pasión por la música hindú. Sobre religión dijo unas palabras que se convirtieron en legendarias: «Christianity will go. It will vanish and shrink. I needn’t argue about that; I’m right and I will be proved right. We’re more popular than Jesus now. I don’t know which will go first, rock’n’roll or Christianity. Jesus was all right but his disciples were thick and ordinary. It’s them twisting it that ruins it for me».
Lo que vino después fue casi un auto de fe. En Estados Unidos, emisoras que dejaron de pinchar a los Beatles, sus discos ardiendo en descampados y titulares que deformaban sus palabras hasta volverlas irreconocibles. Lennon pasó de héroe juvenil a hereje en cuestión de semanas, y aquel ruido terminó haciendo imposible la continuidad de las giras y, tal vez, rompió algo más profundo dentro del propio grupo.
Sin saber lo que sucedería con él mismo, John Lennon había dicho que fueron los discípulos de Jesús «los que lo tergiversan y lo arruinan», y estas palabras me han acompañado durante la lectura de Sed de Amélie Nothomb. Si Lennon señalaba a los intermediarios como responsables de la pérdida del mensaje original, Nothomb los silencia en su novela y deja hablar a Jesús en primera persona. Lo que tenemos delante es una voz que titubea, se contradice y se deja atravesar por la sorpresa y el miedo. Aquello que creíamos divino se muestra frágil e imprevisible. «Acepto esta ejecución monstruosa, humillante, indecente, interminable: el que acepta algo así no se ama a sí mismo».
Jesús duda, se sorprende, recuerda con detalle y, sobre todo, nos interpela constantemente. Nothomb no reinventa a Jesús, pero le quita las capas de interpretación que lo han hecho invisible. La prosa afilada de la escritora belga mantiene la tensión entre lo sagrado y lo cotidiano y deja que una voz vulnerable diga lo que no se puede decir. Jesús expone su dolor, sus dudas, sus contradicciones y nos obliga a preguntarnos qué hacemos con la imagen que la tradición ha creado de él. «Lucas escribirá lo que dije: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Un despropósito. Al que debería perdonar es a mí: soy el más cobarde de los hombres y no es a mi padre al que he pedido perdón».
Sed replantea la manera en que escuchamos la palabra de Jesús. Para quien esté dispuesto a aceptar la provocación, la lectura recompensa con una experiencia desestabilizadora, pues Nothomb consigue que la voz que, según Lennon, sus discípulos habían tergiversado, nos hable con una franqueza imprevisible. «Lo que yo estoy viviendo es repulsivo y grosero. ¡Si por lo menos pudiera confiar en la rápida capacidad de los pueblos para olvidar! Lo que más me desanima es que se hablará de ello por los siglos de los siglos, y no para desprestigiar mi destino. Ningún sufrimiento humano será objeto de una glorificación tan grande. Me darán las gracias por ello. Me admirarán por ello. Creerán en mí por ello».


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