Magia

Cada tarde pongo encima de la mesa una moneda. La miro durante horas hasta que consigo que se mueva despacio por la superficie pulida del mueble. Algunos amigos piensan que tengo poderes mágicos y que soy un mentalista prodigioso. Pero no están en lo cierto. Si yo tuviera poderes, y estos hicieran que la moneda caminara, no tendría ningún mérito hacer lo que hago.

Deja un comentario

Descubre más desde Ninguna Necesidad

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo