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¿De quiénes estoy hablando?

El problema es que nunca sabe por dónde empezar. Camina despacio alrededor de la mesa durante horas y se olvida en el silencio de la casa. Ese vacío en el polvo de los muebles, en los hilos que penden del sofá, en el ruido sin nombre del colchón. Mira por la ventana y apoya las manos sucias en el vidrio. Todavía juegan algunos niños en la calle como antes, cuando él lijaba las patas de una silla hasta que olvidó el propósito de aquel trabajo en vano. Las marcas entre los dedos, en la esquina de los ojos, el paso del tiempo también es una nebulosa, un accidente incomprensible. Busca palabras con las que aclarar cómo fue aquel momento de su vida mientras malgasta el tiempo llevando a cabo tareas sin sentido. Incluso a veces se pregunta si todo aquello lo transformó y, para responderse, se recuerda hablando en aulas magnas y salas de conferencia, en estudios de radio con piano y botellas de licor labradas, cuando el pelo largo era una promesa de vida eterna y engañar con la verdad una emboscada. Pero nunca quiere recordar, por eso nunca sabe qué palabras escribir en el cuaderno. Observa la lija en el suelo, el olor a serrín, la silla inservible. Echaron a perder su vida. Es duro, pero parece cierto. Nunca consiguió escapar de la imagen falsa que creó de su existencia a partir de aquel momento. La conciencia clara de ser un fraude y el miedo a la soledad futura fueron dando sentido a su vida. Luego llegaría lo de perder el tiempo buscando las palabras. El cuaderno. El mito del origen.

La cercanía del final, sin embargo, le ha devuelto a la tierra y a veces se acuerda de la humillación, aunque se hayan difuminado en su cara los rasgos de aquella cara de once años. La memoria imprecisa de los desperfectos se confunde en su cabeza de viejo como las palabras para justificar el pasado que ahora no puede escribir en el cuaderno. A veces se pregunta si todavía recuerda la primera vez que hablaron a través de la ventana entreabierta de su habitación o de aquel trastero luminoso, lleno de objetos inservibles, que visitaron una tarde sofocante de verano. ¿De qué año estoy hablando? ¿De quiénes estoy hablando?

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